Muchacho kirchnerista
Salí con un chico de la JP.
¿Sushi o tradicional?,
me preguntó
cuando subí al Renault gris
y encaró para Palermo.
Entramos a un lugar de pastas
palermitaliano
entre cool y desprolijo
El pibe que atendía la mesa
—es mucho llamarlo mozo—
tenía los pelos teñidos de rojo.
Pedimos tinto
chocamos las copas
sonaba de fondo un cover
en vivo de Floyd.
Gran parte de la noche
se habló de política, claro
me contó la historia
de su militancia nacionalista.
Habló de los pibes de Consti
que duermen en la calle
de la biblioteca popular
de las ventajas del modelo
con inclusión social.
Citó a Gramsci y a Schopenhauer
mientras fumaba un cigarrillo
tras otro usó mucho la expresión
“el tejido social”.
Justificó los personalismos
con datos históricos.
San Martín, Rosas, Perón y Menem
Yo comía helado de dulce de leche.
Ay, chico militante
de los cuadros de Cristina,
¿qué te pasa que no podés
conversar de otra cosa?
¿Que si te hablo
de The Cure en Alemania
lo relacionás enseguida
con Kiss y con Mauricio?
¿Por qué no te podés concentrar
en los sorrentinos caprese?
Y hablar de comidas favoritas
de vacaciones de libros de discos.
Los viernes a la noche
no se hicieron para debates sociopolíticos.
¿En qué lugar te dejará la historia
chico de la JP
que te sumaste a la lucha
después de los 30?
Ay chico de la JP
recibido en universidad privada,
¿por qué la militancia invade
esta noche primaveral
que es nuestra y nos deja
desunidos y desorganizados?
Chico de la JP mejor invitame
un trago vayamos a pasear
por las calles de Colegiales
que huelen a tilo llevame
a un lugar donde no importen
ni Clarín ni Cristina inventemos
nuestro propio relato hagamos
justicia social con nuestras soledades
redistribuyamos el amor
que lo demás
son detalles.
(Una colaboración de Debi Mazzola @NadaMasPreciado)
Fue
No tengo estadísticas
(mentira, sí tengo, nunca las publicaría),
pero creo que en el lugar donde mejor me fue
fue en Levitar.
No sé ni cuándo fui la primera vez.
Ahí la llevé a M., que no funcionó.
Yo era joven e inexperto, todavía tomaba cerveza
había elegido mal los sillones
y sobre todo la había elegido mal a M.
Lo mismo con C., pésima elección.
También fui con J. en un after del after
al que la arrastré de los pelos, a ella y su amiga,
para mentirle y ganarle por cansancio
hasta que dijera que sí, que íbamos a casa,
pero a dormir, eh, sólo a dormir.
Íbamos seguido con M., otra M.
cuando yo no sabía lo que era una buena barra
(ella no me había enseñado)
y tampoco sabía que gracias a eso
íbamos a terminar siendo novios
y alcohólicos.
La pasé muy bien ahí con unas amigas
(pero *amigas* amigas)
una noche que me perdía en los baños
y me quiso levantar una moza, creo
no me acuerdo de casi nada
y ya eran como las ocho de la mañana.
La vez que mejor me fue, lejos,
fue con M.
otra distinta a las dos anteriores.
(o capaz era la misma)
Ella no hablaba una palabra de español.
(Yo tampoco)
Pero estaba tan buena
que no me importaba nada
y decía cualquier cosa
con tal de que me diera un beso.
Cuando se fue al baño
unos cinco pibes que estaban parados cerca
la miraron a ella
me miraron a mí
la miraron a ella
me miraron a mí
hasta que les expliqué que yo tampoco
entendía por qué
me estaba dando bola.
(Una colaboración de Facundo Falduto @elfaco)
Un dos tres va
Llevé a tres chicos a dadá
tres dos uno
uno es alto y moreno
otro se quería casar
y el tercero
habló en portugés
se hizo el lindo
me sacó a bailar
ese es el que más me gusta.
We’ll always have Paris.
Para cuando todavía quede tiempo
Algún día
entrá en el kiosco
de Santa Fé y Suipacha
a las tres de la mañana
comprá un paquete de fideos
tocá timbre en el edificio de arriba
en el noveno piso A
que te reciba con ganas
que prenda la ducha
si es que bailaste en patas
que te las lave con jabón
se meta con vos
un rato
hasta que los dedos estén arrugados
ahí se puede salir del agua
tirar un colchón
en el suelo
una sola plaza para dos
vos ponete una remera grande
quedate en bombacha
acostate
quedate en tu lugar
con vista a la cocina americana
dejá hacer
con poco
coman
mirando la tele
un televisor grande
así pueden escuchar bien
mirar videos
de Thom Yorke
de Lou Reed
o ver a las bailarinas
de Marcelo Tinelli
que sea ese el menú
durante algún tiempo
anterior al sushi
y al desengaño
como para quedarse con esa idea
de ustedes
un paquete de fideos
una cebolla, un morrón
y que nunca falte crema.
Me invitó a salir
acepto de una o me hago la difícil?
si me dice de vernos en la semana
es de trampa?
y si me dice fin de semana
no tiene amigos?
dónde iremos?
si sugiere que elija yo?
uno que me guste o uno barato?
qué me pongo?
tacos si/no?
si me pongo tacos,
doy gato?
y si es petizo?
encaje o algodón?
me depilo todo?
le gustará peladita?
y si quedo de 8?
y si él es pelado?
si me viene?
producida o casual?
vestido o jean?
pastillas o chicles de menta?
quiero que me busque?
y si me dice de encontrarnos en el lugar
me va a molestar?
me hago la linda y llego tarde? *obvio*
si se pone camisa
es que le importo?
y si la camisa es negra? *finísimo*
qué pido?
si es algo caro lo espanto?
hablo mucho
o me hago la misteriosa?
si hablamos de hijos
me hago la canchera?
le digo que no quiero?
le digo que si?
lo espanto?
y si me habla de la ex?
y si es un rata
y no paga?
vamos a medias? *las bolas*
saco la billetera o no?
se notará el enojo en la cara?
y si es lento?
y no me encaja un beso?
y si me pregunta si me puede dar un beso? *si*
lo invito a subir?
si no tiene forros?
tengo en casa?
le digo que tengo
o es de trola?
le toco el bulto
o es de trola?
y si tiene micropene?
y si la tiene gorda?
corta?
doblada?
y si no se le para?
y si me dice que la pasó muy bien?
cuando te dice que la pasó bien
no llama más?
y si no llama más?
y si no le gusto?
(Con la colaboración de Milagros Bermúdez)
Qué, cómo, dónde, cuándo
A dónde la invito?
Vamos a cenar, o a almorzar o a tomar un café?
Un lugar caro o no tan caro?
Le digo de un viernes o mejor un miércoles o un jueves?
La paso a buscar o nos encontramos ahí?
Qué me pongo?
Camisa o remera?
Si me pongo camisa será demasiado formal?
Si es remera, blanca básica?
Zapatos o zapatillas?
Me afeito?
Me pongo perfume?
Llevo forros?
O es mala suerte?
Llego puntual o algunos minutos tarde?
Si llego tarde le pido disculpas?
Le digo que está muy linda?
Hago algún comentario sobre su ropa?
Sobre sus zapatos?
Llevo chicles?
O pastillas?
Si le ofrezco pensará que le quiero decir que tiene mal aliento?
Le sugiero qué pedir o la dejo que se tome su tiempo?
El vino lo elijo yo sin preguntar o le pregunto?
Hago algún comentario del vino o queda pedante?
Quién lo prueba?
Cuántos chistes hago?
Me hago el canchero o más bien serio?
Apoyo los codos sobre la mesa?
De qué empezamos a hablar?
Le pido “contame un poco de vos”?
Le pregunto de la familia o de los amigos, o de las dos cosas?
Del trabajo?
De cine o de música?
La dejo hablar todo el tiempo?
Hablamos de política?
Y si nunca estamos de acuerdo?
Le digo que tiene razón o discuto?
Le pido probar su plato?
Hablo mucho de mí?
Y si parezco un denso?
Y si se estanca la conversación?
Hago chistes sobre mí mismo?
Menciono o no menciono a alguna ex novia?
Encuentro alguna excusa para tocarle la mano?
Me levanto para ir al baño?
Y si no quiere compartir el postre?
Invito yo?
Si no me deja invitarla?
Cuánta propina dejo?
Y si nos emborrachamos?
La invito a mi casa?
Insisto si dice que no?
Y si dice que está cansada?
Y si no quiere que la acompañe a su casa?
Si no pone música significa algo?
Y si estoy nervioso?
Queda tierno decirlo?
Queda bien quedar tierno?
Si tiene un gato o un perro?
Si no tiene?
Si me ofrece un café?
Y si no sé qué decir?
Y si empiezo a decir boludeces?
Se justifican las boludeces si son para un beso?
Y si soy muy lento?
Qué hago si el beso es incómodo?
Y si chocamos los dientes?
Si me corre la cara qué digo?
Me enojo?
Si no me gusta su olor?
Le muerdo el labio?
Hay que besar el cuello?
Hay que ir rápido?
Si no me deja tocarle las tetas?
Si tardo mucho en tratar de tocarle las tetas?
Me saco yo el cinturón o espero?
Pregunto si tiene forros?
Y si no tiene?
Qué hago si no se me para?
Voy al baño si me hago pis?
Si hace mucho calor?
Si no está bueno?
Si me quedo dormido?
Si ella se queda dormida?
La puedo abrazar?
Y besarle el hombro?
Me quedo a dormir?
Me escapo?
Y si preparo el desayuno?
Y si me gusta?
Sepan que si usamos camisa es un acto de amor
Ese viernes iba apurado cruzando la plaza del obelisco desde el centro hacia el norte. Tenía que llegar a casa a las dos y media y encontrarme con ella para ir a almorzar. Era un gran día de primavera y volvía de mi recorrida de los lunes, miércoles y viernes por los juzgados en lo contencioso-administrativo del microcentro y alrededores. Los conocía casi todos y todavía me acordaba la cara de los guardias en las puertas y de los ascensoristas. Tengo mucha facilidad para recordar caras pero mi cara no parece ser muy recordada en general. A veces me da la sensación de que eso me da un poco de ventaja.
El sol de las dos calentaba más de lo normal y me había remangado la camisa. Era una camisa Dufour color celeste que habíamos comprado juntos y usaba cuando me tenía que vestir bien. La usé por ejemplo en una presentación en el hotel El Conquistador, sobre la calle Esmeralda, frente a un salón repleto de distribuidores de Tango. La organizadora llevaba traje negro, el pelo lacio recto y tenía las tetas operadas. La usé también la primera vez que tuve que dar una clase en la facultad y un tiempo más tarde para ir a las tres de la mañana al departamento de una socióloga divorciada 10 años mayor que yo. Con esa camisa me enseñó a planchar camisas mi tía abuela Lucía en su casa de la calle Lavalle, en Vicente López. Hay que empezar por las mangas, teniendo cuidado de no marcar los botones con la plancha y respetando los dobleces del puño. Seguir por el frente, la espalda y por último el cuello (del lado de atrás). Las camisas de algodón se sienten muy bien, solía decir Lucía, pero son las más difíciles de planchar. Probablemente la haya visitado ese fin de semana aprovechando el buen tiempo para darme una vuelta por el bajo. (Años más tarde a Lucía le descubrieron Alzheimer, o demencia, la diferencia es trivial, y ya no recuerda la camisa ni mi nombre. Sí se acuerda de las pocas vacaciones que pasó en Mar del Plata, cuando no había tantos edificios sobre la avenida Colón. No es un mal recuerdo para ser el único.)
Cuando me llamó para que nos viéramos, la semana anterior a ese viernes, fue como ganar algo. Me hizo acordar a cuando se casó mi tía Dolores. El casamiento era al aire el libre un sábado a la mañana y el viernes a la noche diluviaba. Yo dije que no se preocuparan que el sábado iba a ser “un día espectacular”. Creo que aposté y todo. Gané, obvio. Esta vez fue algo así. Duró poco igual porque enseguida pensé que no tenía que ilusionarme y porque además esa satisfacción era inválida. Ahora iba caminando mirando el piso tratando de identificar las baldosas flojas que pisás y el agua te arruina el pantalón, es tremendo, y calculando qué cosas debería y no debería decir esa tarde; cuándo reírme, qué preguntar y qué no. En la cabeza el inventario de todas las recomendaciones: no dar lástima, estar de buen humor, no preguntar si está, o estuvo, con alguien, evitar dar demasiados detalles de mi vida estos últimos meses separados. Dejar un manto de duda, mostrar cierta indiferencia. Esto último no lo entendí bien en su momento, pero dos amigas, que no se conocen entre sí y a quiénes quería mucho, coincidieron en la sugerencia. Tampoco se me podía ocurrir decir que la extrañaba (claro que la extrañaba) y lo importante era la actitud, por sobre todas las cosas. Vaya uno a saber. Llegué a casa con tiempo justo para subir, dejar las cosas, mirarme al espejo y acomodarme la camisa y al toque sonó el portero. En el ascensor me crucé al vecino de ojos claros que una vez, viéndome con un disco de Satie en la mano, me contó que a él cuando era chiquito le ponían canciones de Satie para dormir.
Del otro lado de la puerta de vidrio me esperaba con una sonrisa, el pelo bien rubio para un costado y las manos juntas al centro sosteniendo una bolsa de Paula Cahen D’Anvers. Tenía esa pollera color arena que se había hecho con tela de gabardina, de mantel, medio barata, comprada en Once. Tenía unos cuadrados bordados y la usaba del revés, así que quedaban a la vista unos flecos espaciados que replicaban el vaivén de toda la pollera al caminar. Las hermanas la jodieron bastante pero bien que un tiempo después se la pidieron prestada. Todo lo que me gustaba estaba igual. Después de un saludo corto y un par de segundos de incomodidad me acordé de todo y dije bueno vamos que no vamos a encontrar ningún lugar para comer. Caminamos por Darregueyra hasta Uriarte, ahí donde se forma un triángulo semejante al de unas cuadras más adelante, una placita que todavía guardaba los bancos de madera, y enfilamos para Borges hablando de lo que habíamos hecho esa mañana. Palermo no era todavía lo que sería en unos años y nos costó encontrar un lugar. En la esquina de Borges y Pasaje Russel se nos acabaron los temas y las ganas de seguir caminando y entramos en un restaurant con nombre de vino que no tenía nada de imaginación. No era probablemente un buen día ese viernes, pero a fin de cuentas el almuerzo era una excusa, casi siempre lo es en estos casos. Bien podríamos haber salido a caminar o a merendar a un lugar mejor y más tranquilos un fin de semana. Pero éramos chicos muy ocupados, siempre habíamos sido. Y además, si te llama la chica que te gusta y te invita a almorzar tal día a tal hora, qué, ¿vas a pensar, chequear la agenda? Suspendés todo.
Pedimos, sin mirar demasiado la carta, un plato de sorrentinos con salsa cuatro quesos y un plato de ñoquis de espinaca con crema de puerros. Una copa de vino y agua. El salón estaba vacío y no nos molestó nadie durante todo el almuerzo. Apenas si el mozo se hizo notar, como si el pan, la manteca y los platos hubiesen ido apareciendo solos sobre la mesa. La conversación fue y vino entre ponerse al día sobre detalles del presente que evocaban irremediablemente el pasado (qué tal anda Lily, ah se fue de viaje tu hermano nomás, cosas así), supongo que eso es básico, y muchas otras cosas que no entendí bien y me acuerdo poco. Ahora pienso y en realidad creo que estaba queriendo decirme que me extrañaba pero que le podía salir mal. En ese momento no presté mucha atención o no fui lo suficientemente suspicaz. Hay que entender, no era el momento de considerar la contingencia, o no para mí. Long story short, como le gusta decir a un amigo que casi no habla inglés. Nos habíamos conocido un verano en el mar, o para ser más preciso a 25 metros del mar. No era para mí, pero siempre fui un cabeza dura. Cuando me animé, con total falta de timing, como siempre, le pregunté si quería ser mi novia. Fue un domingo de vacaciones de invierno, en un Sauro de la calle Güemes en Mar del Plata y era el día del amigo. Me dijo que sí, fue mía bastante tiempo y después un día no quiso ser más. Entonces ahora, otra vez en otro lugar bastante de mierda y en un día inoportuno, decime vos si querés ser mi novia otra vez y después vemos el resto. Pero lo cierto es que eso no pasó. Me dio explicaciones como si fuera su novio y me pidió consejos sobre qué hacer conmigo como si fuera un amigo, y yo no era su novio y en lugar de ser un amigo fui un ex novio que la extrañaba. Se nota la falta de criterio ¿no? Pero no se pueden tomar decisiones con una rubia de ojos celestes mirándote fijo, hay que salir corriendo antes de que sea demasiado tarde. Un error puede haber sido precisamente no haber salido corriendo, haber en cambio salido caminando y haber dejado que me estampara un beso sobre Pasaje Russel.
(Source: 55896, via penseesduchoeur)

1